Creo que Llámame Brooklyn, el libro de Eduardo Lago ganador del Premio Nadal 2006, ha sido mi mejor lectura de este verano. Así de claro. Se trata de una opera prima estupendamente escrita, compleja y profunda. Es, como todas la grandes historias, una historia de amor, a una mujer y a una ciudad: Nueva York.
Gal Ackerman lleva toda la vida intentando escribir una novela, Brooklyn, por la que desfilan, como en un caleidoscopio, personajes e historias de Nueva York, como las que le relataba su abuelo, de quien aprendió el gusto por narrar; en realidad su obra tiene un único destinatario, Nadia Orlov, la mujer de la que está profundamente enamorado y que lo abandonó. A la muerte de Gal, un amigo suyo, el periodista Néstor Chapman será el encargado de cerrar la obra inconclusa de Gal.
En esta tela de araña que es la novela, vamos desvelando poco a poco secretos de sus protagonistas en un viaje a través de la emoción y la sorpresa. Llena de personajes que desean escapar incluso de sí mismos, la narración se enriquece por la mezcla de técnicas narrativas y de narradores, resultando una suerte de collage bastante atractivo. Gran parte de la historia gira en torno al bar de Frank Otero, donde se reúnen los personajes y donde se desgranan sus vidas:
“Una vez dentro, había que acatar sus reglas. Frank gobernaba el Oakland conforme a un código de leyes no escritas que era preciso bservar escrupulosamente. Una csa que me llamó en seguida la atención fue que no se ocupaba sólo de las necesidades materiales de su gente. Muchos e los habitantes del Oakland eran, para usar una expresión de Gal Ackerman, gente derrotada por la vida, individuos que habían perdido el norte y de repente se sentían seguros allí. Le pasó a muchos: a Manuel el Cubano, a Niels Claussen, al propio Gal. A mí estuvo a punto de ocurrirme, pero supe reaccioanr a tiempo. Gal n. Estava cansado de dar tumbos cuando, un uen día, dio con sus pasos en el Oakland y se quedó atrapado en sus redes para siempre”
Eso sí, un aviso: la novela es extensa y difícil, a ratos confusa, pero encierra una auténtica joya. Un placer recorrer las calles de Nueva York por sus páginas, vivir las emociones, la soledad, el deseo de sus protagonistas. Su lectura no defrauda y encierra, como un cofre, diferentes temas que van engranando: la guerra civil española, los años dorados de Nueva York, detectives, bares solitarios, la amistad, cementerios, periódicos… todo un pequeño mundo, como es Nueva York, al fin y al cabo.
Podéis leer el principio en este enlace.























