¿Hacia dónde nos movemos cuando hemos agotado todos las posibilidades? ¿Qué podemos hacer cuando tenemos un espíritu apocado que nos impide afrontar con ánimo las adversidades? A estas preguntas intenta responder Ray Lóriga con su última novela Ya sólo habla de amor, donde nos presenta a Sebastián: un cuarentón recién divorciado que no acepta este revés y qué no termina de afrontarlo, pasando por la vida noqueado, como si una marea lo arrastrase.
No tenía, para empezar, grandes ambiciones mundanas, y había estado ya, aunque fuera de visita, en esos lugares que se suponen el vértice de la pirámide social, y si bien no es cierto que no es lo mismo ser el dueño de un castillo que el visitante, su posición de huésped le había permitido vercon claridad que no era precisamente en un castillo ni en un palacio donde encontraria el brillo que ahora le faltaba a su vida, con lo cual, su arribismo, que siempre lo tuvo, pues en cada luchador hay al fin y al cabo un arribista, se había devanecido ante el escaso placer que le habían sugerido ciertas condiciones de vida aparentemente mejores que las habituales. No había pues en Sebastián una aspiración clara por el dinero o el poder, ni siquiera por la fama, que la había conocido (y quién no en estos tiempos), ni por el éxito, que era una palabra tan engañosa que cuando la había tenido en su mano, a había devuelto sin dudar un instante y sin pedir nada a cambio.
El tema, que me pareció sugerente, se desarrolla en una novela muy bien escrita, en muchos momentos billantes. La trama se disuelve en favor de una instrospección del estado de ánimo del protagonista, así la novela resulta una especie de monólogo interior de Sebastián.
Si pudiera hablar de amor, no en general, sino del amor que le quemaba, diría sin duda cosas interesantes. Diría por ejemplo que esperar a ser querido por una mujer que no te quiere es uno de los placeres más grandes que este mundo puede regalarnos. Y que vencer la lógica de todas y cada una de las cosas, por amor, no conoce reflejo en el resto de las miserables victorias de lo cotidiano.
Lo cierto es que a pesar de un tema sugerente, una prosa densa y, a ratos, de calidad y un prometedor arranque, la novela se va desinflando sin remedio, lastrada por su falta de trama. Para mí el libro de Loriga va decayendo por los delirios de grandeza, pues a pesar de proponerse profundizar en el protagonista, a menudo pensé que son pensamientos sueltos del autor. La novela necesitaría un mayor distanciamiento y contención verbal, ya que las continuas reflexiones resultan repetitivas e incluso, aveces, pretenciosas.
A pesar de las elogiosas críticas que había leído de Loriga y que los sitúan entre los más prometedores escritores españoles del momento (“Loriga es la estrella del rock de las letras europeas” para el New York Times, según la cubierta del libro”) mi lectura no ha podido ser más decepcionante. De lo mejor, eso sí, la cita de Pavese que abre la novela: “El sentimentalismo no se corrige volviéndose cínico, sino volviéndose serio.”
Para quien desee contrastar mi opinión dejo el enlace a la web de la novela de la editorial Alfaguara y una entrevista al autor aparecida en el diario El Mundo.


[...] cosa es que te guste eso en una novela o no. En El Confidencial y aquí hay un par de personas que no les gusta. Conmigo son tres. Pero después de escucharle, y más [...]