Para que dejar de escribir se convierta sólo en una mala costumbre, iba siendo hora de que actualizara un poco el blog, pues aún tengo lecturas desde el verano esperando ser comentadas ¡malditas ocupaciones!
El primer libro que comentaré es la edición de los Sonetos de William Shakespeare en edición bilingüe de Rivero Taravillo dentro de la biblioteca Shakespeare de la editorial Alianza, pues es un libro que he ido degustando a lo largo de semanas.
Shakespeare tiene algo que supo definir muy bien Valle Inclán: recrea a la perfección sentimientos humanos. A lo largo del tiempo sus palabras mantienen una pasión inmortal, de una belleza pulida, exacta:
Cuando extraño a la fortuna y a los hombres
lamento en soledad mi pobre estado,
y al sordo cielo abrumo con mi llanto,
y viéndome maldigo mi destino,
cuando envidio del rico la esperanza
de su alta posición y sus amigos.
de éste el arte, de aquel otro la fama,
apenas satisfecho con lo mío,
si en este menos precio hacia mí mismo
por azar pienso en ti, mi ser entonces,
cual la alondra que al alba alza su vuelo
de la hosca tierra, al cielo himnos eleva.
Pues recordar tu amor me da riqueza
que no quiero camabiarme por los reyes.
(Soneto XXIX)
En muchos aspectos la poesía de Shakespeare es heredera de su época y comparte temas y visiones con escritores coetáneos, pero su talento y su sensibilidad consiguen que destaque de manera especial:
Si vivo para hacerte el epitafio,
si vives cuando esté yo bajo tierra,
no borrará la muerte tu memoria
aunque todo de mí se haya olvidado.
Vida inmortal tendrá entonces tu nombre,
aunque yo, ya ido, muera para el mundo.
La tierra me dará fosa común
cuando en los opjos de los hombres yazcas.
Será tu monumento mi poesía,
que ojos no nacidos releerán,
y repetirán lenguas venideras
cuando hayan muerto los que ahora alientan.
Aún vivirás -virtud es de mi pluma-
do más la vida alienta: en la palabra.
(soneto LXXXI)
