Repasando clásicos

6 06 2010

Para las horas de vuelo hasta NY me decanté por el caballo ganador y acudí a mi cita con libros “clásicos”. Si hace un par de años mi redescubrimiento fue Dickens gracias a Grandes Esperanzas, este año le tocó el turno a Galdós y Borges.

Galdós me parece un novelista con mayúsculas, el mejor y Misericordia una de las cinco mejores novela en español. En esta ocasión Nazarín llamó mi atención desde la estantería; posiblemente por mi gusto por Buñuel quien llevó al cine las aventuras -mejor dicho, desventuras- de este sacerdote místico. Nazarín desea vivir libre, conforme a las enseñanzas del evangelio, apartado de la civilización, pero la sociedad no hace más que ponerle trabas: o no lo creen o lo juzgan por loco. Como Cristo también Nazarín tendrá sus discípulos, pero unos discípulos degradados que presagian el esperpento de Valle-Inclán. En su deformación del mundo Galdós se sirve de un recurso que explotará magnificamente en Misericordia: la introducción de juegos fantásticos, que rodean de ensoñación a la propia ficción, mediante la confusión de personajes. La confusión de nazarín con un asceta árabe juega aquí este papel. Galdós retrata la inconprensión del hombre que quiere ser libre. “¡Cosas del pueblo sin ilustración!”, comenta alguno de los personajes. La retrato del pueblo es fantástico: esa España rural, bruta que hizo fracasar la ilustración. Modernizar la mentalidad del país es una empresa condenada al fracaso, según resuman las páginas galdosinas. Como ventana a su época que es, la lectura es siempre placentera;  lo que unido a un dominio de la narrativa hacen de Nazarín una experiencia de lo más recomendable.

Debería haber sido en el antiguo COU, pero por cosas del destino no descubrí a Borges hasta la facultad. Ficciones y El Aleph me apasionaros hasta la fascinación. En Borges descubrí la escritura perfecta, de una perfección casi extraterrestre. Desde entonces pocas cosas suyas me quedan por leer y las que aún queda las dosifico poco a poco. Ya tocaba El libro de los seres imaginarios, escrito en colaboración con Margarita Guerrero, llevaba meses esperando en una mesa con su cubierta de El Bosco llamando mi atención. Aquí el Borges complejo deja paso al enciclopédico, pues la obra es eso: una enciclopedia de extraños seres paridos por la literatura, a manera de moderno Bestiario. Desde la mitología a los escritores coetáneos el libro muestra todo tipo de criaturas, siempre con ese lenguaje elegante, preciso característico de Borges:

EL GATO DE CHESHIRE Y LOS GATOS DE KILKENNY
En inglés existe la locución “grin like a Cheshire cat” (“sonreír sardónicamente como un Gato de Cheshire”). Se han propuesto varias explicaciones. Una, que en Cheshire vendían quesos  en forma de gato que ríe. Otra, que Cheshire es un condado palatino o “earldom” y que esa distinción nobiliaria causó la hilaridad de los gatos. Otra, que en tiempos de Ricardo Tercero hubo un guardabosque, Caterling, que sonreía ferozmente al batirse con los cazadores furtivos.
En la novela onírica Alice in Wonderland publicada en 1865, Lewis Carroll otorgó al Gato de Cheshire el don de desaparecer gradualmente, hasta no dejar otra cosa que la sonrisa, sin dientes y sin boca. De los Gatos de Kilkenny se refiere que riñeron furiosamente y se devoraron hasta no dejar más que las colas. El cuento data del siglo XVIII.


Algunos enlaces:

Nazarín

El libro de los seres imaginarios

Bestiarios medievales

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